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Lange,
Norah
(1906-1972), escritora argentina, nacida en Buenos Aires, activa
participante del grupo Martín Fierro en el periodo de las
vanguardias. Fue además poetisa, novelista y colaboradora de diversas
revistas literarias. Entre
sus numerosas obras se pueden citar: La calle de la tarde
(1923) —con prólogo de Jorge Luis Borges—, Los días y las
noches (1926), El rumbo de la rosa (1930), 45 días y 30
marineros (1933), Cuadernos de la infancia (1932), Discurso
(1942), Antes que muera (1944), Personas en la sala
(1950) y Los dos retratos (1956); en ellas aparecen la
transformación repentina de lo cotidiano y el surgir de lo
misterioso. Por la prosa de Cuadernos de infancia recibió el Premio Municipal y el Segundo Premio Nacional.[1]
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Un
viaje por la lectura de Norah Lange Por Andrea Delfini Profesora en Letras Coordinadora de talleres de Lectura y Escritura Norah Lange, una gran olvidada de nuestras letras, permaneció
a la sombra de otro grande, su marido, Oliverio Girondo. Quizás por
ello, o por otros caprichos del destino, su obra no haya sido muy
difundida. Vale la pena dedicarle atención a
su narrativa, fundamentalmente si tenemos en cuenta los
procedimientos que utiliza. Recalco
esto porque en la obra de esta autora no vamos a encontrar argumentos
interesantes ni personajes sólidos, sino una voz narrativa que
construye, desde una mirada muy particular. Cuadernos de infancia (1937) es una obra autobiográfica.
Desde el principio, el texto se plantea como intento por recuperar los
fragmentos de una memoria. Por ello “cuadernos” y no “memorias”,
por lo fragmentario que la obra postula ya desde su estructura. Esta
mirada reconstruye, arma los recortes de la propia infancia desde la
edad adulta, como quien recobra instantáneas. No son orgánicas estas páginas,
aparecen, como la memoria, disparada por los sentidos. Para Gabriela Mizraje (1), el título “cuadernos”
responde a una obra de ejercitación en donde la lengua se está
probando. Este gesto de producción nos remite a una escritura que
constantemente se está corrigiendo, reescribiendo y volviendo sobre sí. La siguiente obra, de carácter autobiográfico Antes que
mueran (1944) está también armada con impresiones. Comienzan en
este texto a ofrecerse “otras emociones u otros riesgos” que no son
ya los de la infancia, sino los de la juventud y la adultez. Este “yo” no es retrospectivo, como en Cuadernos...;
escribe desde un presente; se autodenomina “Norah”. Esto indicaría
un crecimiento, una constitución del yo que en la primera época de la
vida aún no importa, porque no se tiene conciencia de identidad. El hilo conductor que sostiene sus obras autobiográficas es
la construcción de sí misma, Norah Lange, desde su mirada interior.
Esta mirada no es abarcadora ni límpida, sino fragmentaria y
distorsionada. Y esta línea narrativa que comienza con esta construcción
del “yo” va a continuar en sus obras narrativas posteriores. Personas
en la sala (1950)y Los dos retratos(1956). El juego de
contar y recorrer la propia historia le va a otorgar los materiales para
componer su futura poética. Es en la segunda de estas obras donde relata la muerte
materna. La mirada de la madre es abarcadora frente a la mirada
recortada de la narradora. Esto se ilumina con la siguiente cita, que
traduce muy bien la sensación de ausencia y dolor: ” Su mirada no recorre las ventanas enrejadas, no se
detiene en el comienzo del patio, en las columnas de los balcones, el
alero desordenado de glicinas; mira la casa, de frente, para
recogerla entera, irreparable” (2) La escritura es una forma de permanecer luego de la muerte.
Esa mirada abarcadora de la madre es posible porque ya no pertenece al
mundo fragmentado de los vivos. “La muerte – me decía- ha de sobrevenir cuando estemos
saturados de recuerdos “(3) La escritura, como la muerte, intenta sintetizar, recuperar
esa saturación de la memoria. Hay otros elementos que se mantienen en sus obras: los
espejos, las fotos y los retratos. Todos elementos de representación
del yo. El espejo, como elemento de reflejo y reproducción, produce un
“otro”, el propio rostro reflejado, lo siniestro para Freud;
funciona como punto de inflexión entre lo interior y la mirada que se
recorta sobre el propio cuerpo, el propio rostro; provee una visión
seccionada de la realidad, como las ventanas, otro de los motivos de su
obra. Las fotos, los retratos, son elementos que tienen una
significación ritual en Antes que...Serán material desplegado
en sus dos obras de ficción.
“El objeto sufre una metamorfosis: deja de ser pasivo, se libera de su
neutralidad frente a los sentimientos” (4) Los objetos se subjetivizan. Dejan de ser objetos y se
constituyen como sujetos. En Antes que... aparece la descripción
de un objeto sin nombrarlo; llega a tal animización la descripción,
que sorprende al final descubrir que es un vaso el objeto descrito. El
poder de la palabra es inmenso; la palabra puede cosificarse, cobrar
vida, modificar situaciones. Entre las dos obras narrativas de ficción que siguen a estas
obras netamente autobiográficas, va a haber una continuidad. En ambas
obras las narradoras van a ser mujeres: en Personas... una
adolescente y en Los dos...,una mujer joven.
El argumento de Personas en la sala
gira sobre las
percepciones de una voyeur que contempla la casa de enfrente e imagina
la vida de tres mujeres casi obsesivamente, hasta la enfermedad de no
poseer vida propia si no es a partir de la mirada de esas mujeres, que
son desconocidas, pero que están más cerca de ella que su propio
entorno. Es el mirar sin ser mirado, el ocultamiento, lo que provoca
interés y curiosidad. El aislamiento es un lugar estratégicamente
femenino que tiene, para la autora, una carga valorativa fuerte. La
soledad y la fragilidad de estas mujeres (generalmente altas y pálidas)
son claros indicios de feminidad. En Los dos retratos, la narradora está obsesionada
con dos fotos casi idénticas de un pasado familiar que contempla
hasta la locura y que le permiten armar una historia de los
personajes, a partir de los gestos y cambios, entre uno y otro retrato. En esta novela se explota al máximo una frase que me parece
iluminadora para comprender
el objetivo de la narrativa ya madura de Norah Lange (...)” una
fotografía está hecha también de la persona que la mira” (5) La foto es la muerte de un pasado, una representación del
instante ya extinto pero se reconstruye permanentemente, a partir de
cada nueva lectura, cada nueva recepción. Si tuviera que clasificar a Norah Lange bajo las categorías
que Barthes propone “textos de placer” o “textos de goce”, la
incluiría en esta última, porque obliga a cada lector a enfrentar los
conflictos de la fisura, de lo fragmentario, de lo que permanentemente
cuestiona y no tranquiliza, más bien desestabiliza. CITAS Y REFERENCIAS
(1)
Mizraje, María Gabriela, Norah Lange, infancia y sueños
de walkiria, serie Hipótesis y discusiones, facultad de Filosofía
y Letras, U.B.A., 1995 (2)
Lange Norah, Antes que mueran, pag. 22 (3)
Ídem, Pag. 198 (4)
De Nóbile, Beatriz, (estudio preliminar) en Lange Norah, Páginas
escogidas, Bs.As.¸Kapeluz, 1972. (5)
Doisneau Robert, Hacia adentro, en Clic! El sonido
de la muerte, Indij Guido Julián (compilador), Bs.As., La marca
Editora, 1992
[1]"Lange,
Norah," Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2000. ©
1993-1999 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
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