Breve Cronología de Abelardo
Castillo
1935.- Nació en Buenos Aires, Argentina,
un 27 de marzo.
1959.- Es director y co-fundador de la
revista de literatura “El Grillo de Papel”
con Arnoldo Liberman y Humberto Costantini. Hasta 1960.
1961.- Publica “El Otro Judas”, obra
de teatro y “Las Otras Puertas” libro de cuentos. “El Otro
Judas” es estrenado en 1961 en Buenos Aires, en el Teatro de los
Independientes, bajo la dirección de Onofre Lovero. También es
estrenada en España y representó a la Argentina en los Festivales
Mundiales de Teatro de Varsovia y Cracovia en l965, bajo la dirección
de Carlos Giménez. En mayo-junio del mismo año, es director y
co-fundador de “El Escarabajo de oro” (1961-1974) con Liliana
Heker. Revista de proyección latinoamericana considerada como la más
representativa de la generación del 60. Formaron parte de su Consejo
de Colaboradores: Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Miguel Ángel
Asturias, Augusto Roa Bastos, Juan Goytisolo, Félix Grande, Ernesto Sábato,
Roberto Fernández Retamar, Beatriz Guido, Dalmiro Sáenz, entre
otros.
Le otorgan el PREMIO CASA DE LAS
AMERICAS por “Las Otras Puertas” (cuentos). Jurado:
Juan Rulfo, José Bianco, Guillermo Cabrera Infante, José Antonio
Portuondo.
1963.- Recibe el PRIMER PREMIO
INTERNACIONAL DE AUTORES DRAMATICOS LATINOAMERICANOS CONTEMPORANEOS
del Institute International du Theatre, UNESCO, París, por
“Israfel” (teatro). Jurado: Eugène Ionesco, Claude André Puget
(Francia) Christopher Fry (Inglaterra), Diego Fabri (Italia), Heinrich
Schnitzler (Austria), Marc Connelly y Miss Rosamond Gilder (Estados
Unidos), Arki Kivinaa y Jack Wtikka (Finlandia), Alfonso Sastre (España),
Bohdan Korseniewski (Polonia).
1964.- Se publica “Israfel”. Obra de
teatro sobre la vida de Poe.
1965.- Recibe el PRIMER PREMIO Y GRAN
PREMIO DE LOS FESTIVALES MUNDIALES DE TEATRO UNIVERSITARIO DE VARSOVIA
Y CRACOVIA por “El Otro Judas”.
1966.- “Cuentos crueles”.
Naturalmente, cuentos. La Obra de teatro “Israfel” es estrenada en
el Teatro Argentino de Buenos Aires en 1966 -protagonizada por Alfredo
Alcón bajo la dirección de Inda Ledesma- y luego en diversos países
(España, Checoslovaquia, México, Perú, Venezuela, etc).
1967.- Se edita “La Casa de la
Ceniza”. Nouvelle.
1968.- “Tres Dramas”. Teatro.
1970.- Muere Leopoldo Marechal. Castillo
siente mucho esa pérdida.
1972.- Se produce un encuentro
inesperado. Conoce, junto a otros compañeros de “El Escarabajo de
Oro” a Julio Cortázar; En la radio, Charlie Parker.
1975.- “Sobre Las Piedras De Jericó”
es estrenada en el Teatro Armando Discépolo de Buenos Aires en 1975,
bajo la dirección de Luis Vives.
1976.- “Las Panteras y el templo”.
Cuentos.
1977.- Es director y co-fundador con
Liliana Heker y Sylvia Iparraguirre de “El Ornitorrinco”
(1977-1986). Se la considera como la primera y más significativa
revista cultural de resistencia durante la dictadura militar.
1982.- “El Señor Brecht” en el Salón
Dorado. Representada en función única en el Salón Dorado del Teatro
Colón de Buenos Aires con música de Alicia Terzián. Luego se
reestrena en Teatro Abierto, bajo la dirección de Raúl Serrano.
Publica “El Cruce de Aqueronte”, uno de los capítulos de
“El Que Tiene Sed”.
1985.- “El Que Tiene Sed”. Novela.
1986.- PRIMER PREMIO MUNICIPAL DE
LITERATURA por “El Que Tiene Sed” (novela).
1989.- “Las Palabras y Los Días”.
Ensayos.
1991.- “Crónica de un iniciado”.
Novela.
1992.- “Las Maquinarias de la Noche”.
Cuentos. PREMIO CLUB DE LOS TRECE a la mejor novela del año
por “Crónica de un Iniciado”.
1993.- PREMIO NACIONAL ESTEBAN
ECHEVERRÍA por el conjunto de su obra.
1994.- PREMIO KONEX DE PLATINO al
mejor cuentista argentino. Decenio 1984-1994.
1995.- “Teatro Completo”. Teatro.
1996.- PREMIO DE HONOR DE LA PROVINCIA
DE BUENOS AIRES. Compartido con Ernesto Sábato y Marco Denevi,
1996.
1997.- “Ser Escritor”. Ensayos.
“Cuentos Completos”. Cuentos.
1998.- “El Oficio de Mentir”. Doce
entrevistas realizadas por María Fasce.
1999.- “El Evangelio Según Van
Hutten”. Novela. Se le concedieron los premios a la TRAYECTORIA
LITERARIA otorgado por los libreros de Buenos, por la Asociación
de Distribuidores de Diarios y Revistas, por la Asociación de
Artistas Plásticos, y el Lobo de Mar a la Cultura, en Mar del Plata.
Entre
sus obras
Cuentos:
-
Las otras puertas
(1961, Premio Casa de las Américas)
-
Cuentos crueles
(1966)
-
Los mundos reales
(1972)
-
Las panteras y el templo
(1976)
-
El cruce del Aqueronte
(1982, Premio Municipal)
-
Las palabras y los días
(ensayos, 1989, Premio Municipal)
-
Las maquinarias de la noche
(1992)
-
Cuentos Completos
(1998)
Novelas:
-
La casa de cenizas
(1968)
-
El que tiene sed
(1985, Premio Municipal)
-
Crónica de un iniciado
(1991)
-
El Evangelio según Van Hutten
(1999)
Teatro:
-
El otro judas (1959, 1er. Premio Festival de Teatro de Nancy
en 1964)
-
Israfel (1964, 1er. Premio Internacional de la UNESCO)
-
Tres dramas (teatro, 1968)
|
Entrevista a Abelardo Castillo
“Yo
no creo en la literatura comprometida... creo en el escritor
comprometido”
Sábato,
Bioy Casares y Cortázar lo consideraron uno de los grandes de la
literatura argentina. Novelista,
cuentista, dramaturgo y ensayista,
Abelardo Castillo es uno de los
escritores latinoamericanos más destacados de la actualidad.
Identificado con las obras de ficción, no desconoce en absoluto la
realidad; ha participado en las polémicas literarias de la izquierda
cultural con la creación y dirección de las revistas literarias El
escarabajo de oro, El Ornitorrinco y El grillo de papel. Nacido
en San Pedro, una ciudad de la provincia de Buenos Aires (Argentina) en
1935, es autor de varios libros de cuentos: Las otras puertas,
Cuentos crueles, El cruce del Aqueronte, El otro judas, Las
maquinaciones de la noche; y novelas: El que tiene sed, Crónica
de un iniciado y El Evangelio Según Van Hutten, donde indaga los
secretos más profundos de la religión
¿Qué
quería ser cuando “fuera grande”?
Yo
quería estudiar física y filosofía. Física porque quería comprender
la estructura matemática del universo y filosofía porque deseaba saber
sobre el destino del hombre en el mundo. Por supuesto que era candoroso,
pero en esa época ser candoroso supongo que no estaba mal. No pude
hacer ninguna de las dos cosas porque tal vez con gran tino me
expulsaron del colegio secundario y luego no pude dar las materias
necesarias para ingresar en la universidad.
¿Ya
en la adolescencia sabía que quería ser escritor?
No, mi relación con la
literatura siempre fue muy extraña. Borges declaraba haber sabido
siempre que iba a escribir y lo mismo decía Sartre. Creo que la
literatura fue algo que puse fuera de mí. La literatura son los libros
de los demás. No tengo mis textos en la biblioteca. Y cuando pienso en
la literatura recuerdo las obras de los grandes escritores argentinos. O
pienso en Sartre, en Thomas Mann, en Poe y en muchos otros. Tal vez por
eso me sorprendió convertirme en escritor. En realidad lo decidí recién
a los 23 años, cuando escribí “El otro Judas”. Y gracias a un
encuentro con el poeta cubano Nicolás Guillén. Él estaba en la
Argentina y fui a visitarlo. Alguien intentó leerle poemas míos, cosa
que me llenó de vergüenza. Le dije, entonces, que si quería conocer
algo de lo que estaba escribiendo tenía una obra en preparación. Nos
encontramos y le conté “El otro Judas”. Estuve cerca de una hora y
media interpretando cada uno de los personajes. Le comenté, entonces,
que quería enviar la obra a un concurso. Y él me dijo: “Oye chico,
si la escribes tan bien como las cuentas tienes que ganarlo”. Y
efectivamente, mandé la obra y gané el primer premio.
¿Cuándo
se dio cuenta de que ser escritor era su verdadera vocación de
vida?
Empecé a escribir poemas muy
temprano, era como una manera secreta de expresarme; y lo que quería
era ser poeta. Pero básicamente nunca me sentí un escritor, me siento
un hombre que escribe. Para mí los escritores son los otros. Creo que
ponerse el rótulo de escritor uno mismo es como una especie de pedantería,
el asunto es que llegué a ser un escritor para los otros, pero siempre
miré la literatura más como lector que como escritor, soy mejor lector
que escritor. Un escritor en realidad es alguien que tiene un gran
respeto y un gran amor por la literatura, pero a veces un cierto desdén
por su propia literatura, no se toma él en serio, toma en serio la
literatura. No hay que
tomarse demasiado en serio, pero sé tomar en serio la literatura de los
otros. La lectura es como una especie de felicidad y la felicidad no es
obligatoria.
Si
hay un escritor que parece haber dejado huella en su obra y en sus ideas
es Sartre. ¿Prefiere su literatura, su teatro o su filosofía?
“La Náusea”, sin duda, es uno de mis textos favoritos. Pero también
su teatro y su filosofía siguen teniendo para mí enorme interés. Los
cuentos o relatos de “El muro” me parecen estupendos. Se han escrito
muy pocas cosas en el mundo como “Infancia de un jefe”. Por otro
lado, yo leí siendo muy joven “El ser y la nada”. Tenía 20 años y
me impresionaron mucho sus ideas. Me interesó un poco menos “Los
caminos de la libertad”. Pero creo que una obra como “El diablo y
Dios” de Sartre es, junto con “Galileo Galilei” de Brecht, una de
las tres o cuatro obras maestras del teatro del siglo pasado.
¿Qué
lugar tuvo Albert Camus en su formación?
Casi tan importante como el que tuvo Sartre. Una obra maravillosa de
Camus es “Calígula”. La vi en teatro cuando se estrenó en Buenos
Aires. El protagonista era Duilio Marzio, que actuaba muy bien en una
puesta excelente. Obras como “El extranjero” o “La caída” son
memorables. Entre sus ensayos, “El mito de Sísifo” y “El hombre
rebelde” resultan fundamentales para comprender el pensamiento de
nuestro tiempo. Décadas atrás, en Buenos Aires había dos bandos: el
de Sartre y el de Camus. Yo creo que estaba más cerca del de Sartre,
pero nunca ignoré, y creo que Sartre tampoco, que uno de los
pensamientos decisivos de la época fue el de Camus. Casualmente en el
libro de conversaciones de María Fasce (Castillo se refiere a “El
oficio de mentir”, publicado por Emecé) hay un momento en que
confieso que “La peste” me había aburrido mucho y nunca, hasta hace
poco tiempo atrás, había terminado de leerla.
¿Cuáles
son los escritores argentinos que están presentes en su producción?
Roberto Arlt, Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal. Recuerdo que en el
60 llegó desesperado a mi casa un poeta, Víctor García Robles, y me
dijo: “Tenés que leer la mejor novela argentina”. Y me dio “Adán
Buenos Aires”. La devoré en tres o cuatro noches. Y a partir de ese
momento comencé a pensar que Marechal, junto con Borges y Arlt, era una
de las tres personas de la santísima trinidad vernácula. Y se trata de
hombres muy disímiles. Arlt no escribía ni tan bien como Borges ni tan
bien como Marechal. Pero tenía una tensión existencial en sus textos
que no alcanzaron nunca ninguno de los otros dos. Y la prosa de Marechal
es muy distinta a la de Borges. No hay casi escritor argentino que no
esté influido por alguno de estos tres creadores.
¿Dónde se siente más cómodo? ¿En el
cuento, en la novela o en el ensayo?
Mi lugar natural es el cuento. Pensemos que la novela “Crónica de un
iniciado” me llevó veinte años terminarla. No es que no me cueste
esfuerzo terminar un cuento, pero no me preocupa, sé que voy a
concluirlo. La novela, en cambio, me resulta muy angustiante. El
novelista se siente casi intrigado por su propia historia. No sabe adónde
irán a parar sus personajes. El cuentista está acostumbrado a un
sistema más cerrado. Cuando se sienta a escribir ya sabe todo lo que va
a ocurrir. En cuanto al teatro, para mí es lo más cercano a la poesía.
Yo escribí “Israfel” porque quería escribir sobre la vida de Poe.
Y además porque estaba enojado con una pésima biografía que se había
escrito sobre él. Pero nunca he sabido de teatro. No sé lo que es el
foro, por ejemplo. Para mí el teatro es un acto político. Y nunca
dirigiría una obra mía. Creo que el director suele encontrar en la
literatura dramática cosas que muchas veces los dramaturgos ni siquiera
sospechamos.
¿Qué
diferencias importantes encuentra a la hora de escribir una novela y un
cuento?, ¿cuál de sus tres novelas es la que más le gusta?
La diferencia que encuentro es la diferencia que existe entre la novela
y el cuento. Para un cuentista, cuando escribís un cuento ya a priori
sabés todo lo que ocurrirá; cuando un escritor se decide a escribir
una determinada anécdota, esa anécdota ya ha sucedido en el
imaginario, conocés el final y lo único que hay que hacer es
justificar ese final, la historia ya aconteció; antes de sentarme a
escribir ya sé lo que va a ocurrir en el cuento. En la novela no sabés
el final, tenés una idea nebulosa de los acontecimientos, a veces podes
saber más o menos cómo va a terminar pero en la escritura eso no se
cumple. Y lo mejor es que los personajes actúen solos y te sorprendan;
y a veces ocurre eso. En cambio en el cuento no. Vos sos el que maneja
los personajes, no podés escribir de más, no podés seguir un
personaje luego que aparece porque sino estás en otro género, lo tenés
que seguir dentro de una estructura que es muy rígida y se parece mucho
al teatro, de ahí que mucho dramaturgos hayan sido cuentistas y no
siempre los novelistas son cuentistas, los cuentistas pueden llegar a
escribir novelas y es muy frecuente que un cuentista sea autor de
teatro. Pero lo importante en la novela son los personajes, cosa que no
necesariamente ocurre en los cuentos. La novela que más trabajé y
expresa mis tendencias y obsesiones centrales sería “Crónica de un
iniciado”, pero no sé si es la que más me gusta, por ahí es mejor,
mucho más intensa “El que tiene sed”. Te diría que prefiero “El
que tiene sed” porque está pegada a mí por una cuestión muy
profunda, el escritor alcohólico que narra “El que tiene sed” soy
yo, entre los veinte y cuarenta años. Pero tal vez la novela en la que
puse más de mí mismo, la que más trabajo me costó, la que más años
tardé en terminar fue “Crónica de un iniciado”. Lo que no
significa que la prefiera.
¿Qué
experiencia positivas rescata de haber fundado y dirigido las revistas
literarias El escarabajo de oro, El Ornitorrinco y El grillo de papel?
Primero
tuve que aprender a hacer ciertas cosas que nunca se me habían cruzado
por la cabeza, por ejemplo, leer libros para hacer críticas, opinar
sobre ciertas cosas que nunca me habían importado desde el punto de
vista de la opinión personal. El grillo de papel empezó siendo
una revista de ficción y terminó siendo una revista de opinión en la
que escribía las editoriales, como en El escarabajo de oro y que
marcó una cierta línea política. Lo que puedo rescatar de esas
revistas, sobre todo de El escarabajo de oro que fue la que duró
más tiempo, es mi juventud. Cuando la recuerdo no estoy recordando El
escarabajo como revista sino que estoy recordando cómo era cuando
tenía entre veinticinco y treinta y tantos años. En cuanto a El
Ornitorrinco, sé que significó algo muy particular porque fue una
revista que salió bajo la dictadura, fue una revista indudablemente no
oficial que la recuerdo con mucho cariño, pero ahí la responsabilidad
era muy compartida, una revista de una ideología que hasta se podría
pensar caótica, ahí había hombres de izquierda, tipos que no tenían
una muy clara definición política y había hasta católicos, había de
todo un poco. Lo que nos unía era una actitud frente a la dictadura
militar, en cambio en El escarabajo no, era una revista
decididamente de izquierda que tenía una línea política marcada.
Siempre me sentí un tipo de izquierda aunque nunca estuve afiliado a un
partido político.
¿Cómo
ve el panorama literario en la actualidad?
Falta toda aquella generación que fue la literatura argentina, Leopoldo
Marechal, Arlt, Cortázar, Borges, Mujica Láinez, Bioy Casares, Martínez
Estrada. Esa fue la gran pleyade de escritores argentinos, reemplazar
eso va a hacer muy duro; existe hoy una generación de escritores que
empezaron a escribir en los 60 que de alguna manera ya tiene cierto peso
dentro de la literatura, pero ninguno de ellos ha alcanzado todavía el
peso que esos escritores tenían dentro de nuestra literatura y fuera de
la Argentina. Ni Saer, ni Tizn, ni Piglia, ni Rivera pueden ser
cotejados en cuanto a importancia con lo que significaban Marechal,
Borges, Bioy Casares cuando tenían la edad de nosotros; pero eso no
tiene nada que ver con la importancia que pueda o no tener la literatura
actual sino con una cantidad de condiciones históricas y sociales que
hacen que la literatura hoy no tenga el peso que tenía antes. Ya no
importa si es un gran escritor Tizn o Rivera o Saer, lo que importa es
que siendo un gran escritor en los años 60 o antes de los 60 había
como muchas más posibilidades de influir sobre la gente. Hoy ha
cambiado totalmente el sistema, nos está faltando algo, va a ser muy
difícil hasta que venga algo que lo reemplace y cada vez va a ser más
difícil. Está faltando una generación intermedia que en mi época si
existía. Hoy los escritores jóvenes están más cerca de nuestra
propia generación porque está faltando un contexto literario que antes
sí existía. En cuanto a la nueva literatura, creo que a partir del 90
empezó una forma light de hacer literatura, un poco superficial, que durante diez años
cundió en la literatura, que ahora parece que se está pasando a otro
terreno, el escritor empieza a sentir la responsabilidad de dar
testimonio de algo. Pero durante años hubo toda una generación que era
como si al desencantarse de la idea del 60, se hubiera despreocupado del
sentido profundo que puede tener no sólo la literatura sino el arte en
general y no querían ni oír hablar de la palabra compromiso y la
palabra testimonio. Hoy se han dado cuenta de que en el mundo en que
vivimos el escritor necesita servir para algo, parece que se ha vuelto
de nuevo a aquella vieja idea de que escribir tiene que tener algún
sentido, privilegiar a la literatura como una herramienta de trabajo. Si
el escritor no empieza a tener conciencia de su conducta como escritor
dentro de una sociedad en crisis, si no recupera ese sentido de lo que
significa un intelectual, está liquidado como escritor. Yo no creo en
la literatura comprometida, creo en el escritor comprometido.
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