Análisis Literario

John Kennedy Toole nació en New Orleáns en 1937 y murió en 1969. Su corta vida fue una paradoja. Escribió su primer novela cuando tenía sólo 16 años (La biblia de Neón). Estudió literatura en la Universidad de Columbia y poco tiempo después comenzó a dictar clases en la Universidad de Lousiana. Comenzó a trabajar en su segunda historia, La conjura de los necios, cuando estaba prestando servicio en la Armada de EE.UU. en 1961. Durante los años que siguieron intentó insistente e infructuosamente, que su obra fuera publicada. Su personalidad ciclotímica, y su tremenda decepción por fallar en cada intento, influyeron en su trágica decisión de suicidarse a los 32 años, en 1969.  

 La conjura de los necios

UNA IRONIA SIN FIN

 
Por Daniela Visillac

La Conjura de los necios no es sólo una novela. Es objeto de devoción de sus lectores, materia de análisis de los críticos literarios y fenómeno comercial para el mundo editorial. La ironía inteligente, ácida, casi despiadada, definen a este texto maravilloso, por momentos tremendamente divertido y por otros amargo y desesperanzado. Una historia que en la voz de su protagonista, Ignatius Reilly, hace una crítica profunda a la sociedad 


“Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.

Jonathan Swift


La Conjura de los necios no es sólo una novela. Es objeto de devoción de sus lectores, materia de análisis de los críticos literarios y fenómeno comercial para el mundo editorial.

La magia de esta historia se enlaza sin duda con la trágica vida de su autor, no sólo porque por tramos puede ser autobiográfica sino también porque John Kennedy Toole la escribió cuando era muy joven e intentó durante años que fuera publicada. Deprimido, agobiado, con un sentimiento de fracaso a flor de piel, se suicidó en 1969. Tenía solamente 32 años. Recién en 1980, y como consecuencia de la pertinaz insistencia de su madre, la novela fue editada por la Universidad del Estado de Lousiana (EE.UU.).

La ironía inteligente, ácida, casi despiadada, definen a este texto maravilloso, desopilante. Por momentos tremendamente divertido y por otros amargo y desesperanzado. Una historia que en la voz de su protagonista, Ignatius Reilly, hace una crítica profunda a la sociedad capitalista americana. Cuestiona los ideales de la clase media y desnuda la hipocresía cotidiana (ver fragmento).

La novela cuenta con una cita inicial de Jonathan Swift: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”. Este pensamiento guía las acciones de Ignatius, un personaje literario único que algunos críticos definieron como una mezcla del Quijote, Tomas de Aquino y Oliver Hardy. A los 31 años se siente incomprendido por un mundo al que cree no pertenecer y una realidad que no cubre sus expectativas ni satisface sus deseos. Un lugar de necios en el que se discrimina la inteligencia (ver fragmento).

Ignatius afirma que un mundo mejor es posible pero se trata de un universo a su imagen y semejanza (“El optimismo me da náuseas, es perverso...”, dirá con razón seguramente aunque con mucha soberbia). Además de ser excluido, se autoexcluye de la sociedad con arrogancia y altanería. Ataca al prójimo por momentos con irrefutable lucidez y exquisita ironía; sin embargo la extrema crítica y la ambición de las iniciativas que emprende lo dejan expuesto al ridículo. Pero como diría la vernácula (y mucho más tierna) Mafalda, Ignatius también sostiene que hay que cambiar al mundo antes de que el mundo nos cambie a nosotros (ver fragmento).

Este antihéroe vive en la portuaria ciudad de Nueva Orleans con su madre, con quien mantiene una relación conflictiva pero necesaria (“La tunanta de mi madre se ha ido otra vez, lo que es más bien una suerte, en realidad. Sus vigorosos ataques y sus agrias arremetidas contra mi persona afectan negativamente a mi válvula. Dijo que salía porque tenía que ir a una Coronación de la Reina de Mayo a una iglesia, pero, dado que no estamos en mayo, dudo mucho de su sinceridad”).

Ignatius vuelca sus pensamientos en un ensayo sin fin, al que llama una obra maestra contra la cultura moderna, esta labor lo recluye en su cuarto durante gran parte de sus días hasta que debe salir a buscar trabajo impulsado por las deudas que agobian a su madre a quien le reclaman por haber producido destrozos mientras manejaba ebria. Entonces, obligado, enfrentará a la sociedad en una relación de repulsión mutua. Ignatius afirma que el trabajo es malo para la salud mental, buscar trabajo es un camino hacia la traición de sus principios, sin embargo intentará encontrar consuelo: “El introducirme activamente en el sistema que critico, será en sí mismo una interesante ironía”.

Su primer empleo lo conseguirá en Lévy-Pants, una fábrica de ropa en decadencia, de la que será despedido por organizar a los obreros en una sublevación contra el encargado. Su próxima ocupación será en la calle como vendedor de Salchichas Paraíso, recorrerá los suburbios de Nueva Orleans y experimentará las más delirantes historias: se conectará con una red de pornografía para escolares e iniciará la epopéyica iniciativa de crear un partido político llamado el Partido de la Paz.

Acompañan a Ignatius otros personajes extravagantes. La madre que combina devoción por su único hijo con un creciente sentimiento de vergüenza por lo que él hace y un sentimiento de posesión que no puede dominar a pesar de sus desprecios; Mirna Mynkoff, ex compañera de la universidad de Ignatius, su novia a distancia, una excéntrica joven que se autodefine como una activista freudiana y socialista, que despliega sus hipótesis acerca de las diversas patologías que acechan la psique de Ignatius.

Durante toda la novela, Ignatius rememora sus tiempos de estudiante con ironía. Cuando habla de sus viejos compañeros de la universidad, dice categóricamente: “Les dije a todos los estudiantes que en bien del futuro de la humanidad, esperaba que todos fueran estériles”. Para Ignatius, no hay peor futuro para el hombre que el hombre mismo y sus necedades.

 

¿Hay salida?

La locura se funde con la lucidez, la soberbia con la ternura. Ignatius oculta, no sólo bajo su enorme cuerpo, sino también tras sus palabras y su lengua filosa, por muchos momentos agresiva e hiriente, una personalidad incapaz de insertarse en el mundo -que sin duda es hostil la mayor parte de las veces- y a pesar de su suprema inteligencia y su mirada aguda, no llega a descubrir que siempre hay alguien que vale la pena, que puede dar sentido al enorme sin sentido de vivir (ver fragmento).

El final de la historia, guardará para Ignatius una esperanza. El lector podrá entender si este hombre incomprendido e incomprensible está más cerca de encontrar su lugar en el mundo o por el contrario, de asimilar que no hay sitio posible para quien sólo acepta jugar con sus propias reglas en un mundo que no admite a los diferentes y desprecia la inteligencia.

No son muchas las chances de sobrevivir. Ignatius optó por la incertidumbre de la huída, Kennedy Toole por la certeza de la muerte.


ACERCA DE LA CONJURA DE LOS NECIOS

Si a John Kennedy Toole lo atormentó el fracaso inicial de La conjura de los necios, a su madre, Thelma, la obsesionó la idea de ver la novela de su hijo publicada. En el prólogo del libro el profesor Walter Percy relata como llegó esta historia a sus manos: “... empecé a recibir llamadas de una señora desconocida. Lo que me proponía esta señora era absurdo. No se trataba de que ella hubiera escrito un par de capítulos de una novela y quisiera asistir a mis clases. Quería que yo leyera una novela que había escrito su hijo (ya muerto) a principios de 1960. ¿Y por qué iba a querer yo hacer tal cosa?, le pregunté. Porque es una gran novela me contestó ella”.

En el prologo Percy reconoce que no deseaba leer aquella novela, que finalmente resultó ser una copia a papel carbón casi ilegible, pero también admite que la tenacidad de la señora ganó a su desinterés. “Así pues no tenía salida; sólo quedaba una esperanza: leer unas cuantas páginas y comprobar que era lo bastante malo como para no tener que seguir leyendo... En realidad suele bastar con el primer párrafo... seguí leyendo. Y seguí, seguí... con una emoción creciente y, por último, con incredulidad: no era posible que fuera tan buena”.

Finalmente, Thelma logró su objetivo, con la ayuda de Percy, en 1980 La conjura de los necios fue editada por la Universidad del Estado de Lousiana. En 1981, un año después, ganó el Premio Pulitzer. En el primer año vendió 750.000 copias.

 

QUÉ DIJO LA PRENSA SOBRE LA CONJURA DE LOS NECIOS

“Este libro se ha reseñado en todas partes, y a todos los críticos les ha entusiasmado. Por una vez, todos tenían razón” (Rolling Stone).

“Una novela disparatada, bufa, rabelesiana y sorprendente, que rompe con los cauces habituales de la narrativa norteamericana actual. Una tragicomedia cósmica, cuya lectura hace alternar la carcajada y la angustia” (El País).

“La conjura de los necios es nada menos que una gran comedia en fuga” (The New York Time).

“Este libro está destinado a convertirse en un clásico” (The Baltimore SunK).

“Irresistiblemente divertida, una comedia épica en la gran tradición de Cervantes y Fielding” (Monroe K. Spears).


ACERCA DE JOHN KENNEDY TOOLE

John Kennedy Toole nació en New Orleáns en 1937 y murió en 1969. Su corta vida fue una paradoja. Escribió su primer novela cuando tenía sólo 16 años (La biblia de Neón). Estudió literatura en la Universidad de Columbia y poco tiempo después comenzó a dictar clases en la Universidad de Lousiana. Comenzó a trabajar en su segunda historia, La conjura de los necios, cuando estaba prestando servicio en la Armada de EE.UU. en 1961. Durante los años que siguieron intentó insistente e infructuosamente, que su obra fuera publicada. Su personalidad ciclotímica, y su tremenda decepción por fallar en cada intento, influyeron en su trágica decisión de suicidarse a los 32 años, en 1969.  


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