''A Macedonio Fernández''
En busca de la tarde
Fui apurando en vano las calles.
Ya estaban los zaguanes entorpecidos de sombra.
Con fino bruñimiento de caoba
la tarde toda se había remansado en la playa,
serena y sazonada
bienhechora y sutil como una lámpara,
clara como una frente,
grave como ademán de hombre enlutado.
Todo sentir se aquieta
bajo la absolución de sus árboles
-jacarandás, acacias-
cuyas piadosas curvas
atenúan la rigidez pueril de la estatua
y en cuya excelsitud se altiva
la gloria de las luces equidistantes
del leve azul y de la tierra rojiza.
Qué bien se ve la tarde
desde el fácil sosiego
de los bancos!
Abajo
el puerto dice de conarcas lejanas
y la honda plaza igualadora de almas
se abre como la muerte, como el sueño.
Jorge Luis Borges (En Fervor de Buenos Aires)