EL CUIDADO DE LA REDACCIÓN
Presentamos algunos
consejos para redactar y presentar un texto extraídos del “Manual de
estilo de la editorial de la Universidad e Guadalajara”
Cuando un autor entrega
sus originales al editor, por lo regular considera que está entregando
un material terminado con perfección. Sin embargo, pocos son los
trabajos que alcanzan tal calificativo. En la mayoría de los escritos,
al comenzar su labor el revisor o corrector de «estilo» (que en realidad
no corrige el estilo del autor, sino las fallas gramaticales y
sintácticas, lo cual
no significa acabar con
el estilo individual) se enfrenta con muchas discrepancias en el
desarrollo del texto: variados problemas de redacción, falta de
material, fallas de estructura, ausencia o incorreción de referencias
bibliográficas, llamadas de notas que no aparecen por ningún lado.
Los problemas y vicios
de redacción de los escritos complican el proceso de edición y truncan
la intención de todo escrito literario o científico: su función
comunicativa. Ahí es donde la labor del corrector es indispensable,
pues cuando sabe hacer su trabajo logra, primero, entender el problema,
y segundo, subsanar la confusión y dar fluidez al texto.
Para quien revisa y
corrige el texto es más fácil, debido a su oficio, identificar y marcar
faltas ortográficas, pero el quehacer se va complicando cuando se trata
de cuestiones gramaticales y
sintácticas o de vicios
de lenguaje que llegan a provocar la total falta de sentido en el texto,
lo cual conlleva la necesidad de entrevistar al autor para que
verbalmente explique qué quiso decir, y entonces ordenar o reescribir la
idea.
Para el caso, sería
conveniente pedirle al autor, antes de comenzar el trabajo de edición,
que revise una vez más su texto para que considere y corrija lo más
posible, si así se requiere, esos problemas o vicios.
La exposición de las
ideas en la redacción debe seguir una construcción lógica. Vivaldi, al
citar a Hanlet del original francés, traduce las siguientes reglas al
respecto:
+ Conviene ligar las
ideas entre dos o más frases.
+ Deben presentarse
tales ideas según su importancia.
Es necesario evitar las
faltas de sentido que resultan de no respetar el orden
«lógico-psicológico» de nuestro pensamiento (Vivaldi, 1976: 88).
Es decir, la redacción
obedece sobre todo al orden del pensamiento. Luego, el paso siguiente
consiste en matizar, manipular las formas del lenguaje para dar énfasis
y crear un estilo propio. No dejar de lado el origen natural del
pensamiento evita perderse a la hora de expresar las ideas.
La forma de expresión
más simple es la frase u oración. A varias frases yuxtapuestas o unidas
(coordinadas) por nexos relativos se denomina periodo. Y la forma más
compleja es la cláusula, que también son varias frases, pero
subordinadas a otra principal cuyo sentido complementan.
La coherencia de la
frase no presenta dificultad si los adjetivos y adverbios se colocan lo
más cerca posible del concepto que modifican.
En un periodo o una
cláusula debe haber coherencia entre la idea principal y las secundarias
o complementarias. Se intentará eliminar comentarios superfluos que
distraigan la atención del motivo central.
La claridad del texto
tiene que ver con la estructuración y la coherencia ya mencionadas. Sin
embargo, la anfibología (sentido ambiguo) y la falta de concordancia
(igualdad de género y número en el sustantivo y el adjetivo, y de número
y persona en el verbo y el sustantivo) se dan a menudo, lo que da lugar
a textos confusos.
Volver
a Pagina Principal
|