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ESCRIBIR COMO PROFESIÓN [1] Por Lic. Daniela Visillac Este trabajo no pretende ser un ensayo sino que intenta
explorar sobre el movimiento posmoderno que coincide con el surgimiento
de una nueva práctica cultural: la profesión de escritor. Esta generación de escritores tiene su auge con el
Centenario de la Independencia en 1910, cuando aparece un nuevo campo
intelectual que a grandes rasgos se vincula con las respuestas que
intenta dar el escritor a una nueva realidad: la inmigración, la
urbanización acelerada, la nueva estructura productiva, la emergencia
de clases y categorías sociales. Y se extiende hasta 1924 cuando se
crea la revista literaria Martín Fierro y comienza a expresarse la
llamada vanguardia, que se opondrá estética e ideológicamente a este
grupo. Los escritores del posmodernismo convivirán con los
vanguardistas durante décadas. La transformación de las actividades intelectuales
-vinculadas a al modernización, secularización e inmigración-
constituirá una ideología del artista. El escribir surge como la
ocupación central de los autores posmodernistas, por primera vez muchos
escritores se ganarán la vida como periodistas. A partir de 1910 se emancipa la actividad literaria de la política
y nace entre los escritores la conciencia del oficio (las
reivindicaciones corporativas, la defensa de los derechos de autor,
etc.). Y se produce la división entre el medio literario y la “alta
sociedad”, con una nueva forma de iniciación cultural: la
universidad, el periodismo, los hijos de inmigrantes, impensables en los
salones elegantes hegemónicos hasta aquella época. La vida literaria
adopta un conjunto de hábitos que son por un lado propios y por otro
característicos del período: la bohemia, los cafés literarios, las
conferencias. En esos espacios públicos se definen entre los escritores
relaciones de camaradería y se desarrolla un sentimiento de
pertenencia, de cofradía. Surge también un público que media su relación con el
autor a través de libros y revistas, aparecen figuras típicas del
mundo editorial (el editor, el librero, los críticos, etc.) y una
incipiente industria cultural (definida por la gran cantidad de libros y
publicaciones que se editan, así como por los importantes espacios para
la literatura en los diarios de circulación masiva) y el desarrollo de
un mercado cultural. A esta etapa seguirá la llamada vanguardia que
pugnará por nuevos modelos estéticos que se opondrán al mercado de
bienes culturales. En este contexto, y haciendo una gran generalización, en la
obra poética del posmodernismo hay una vuelta de la mirada hacia lo próximo,
hacia el paisaje y el hombre que lo vive sin complicaciones metafísicas
ni estéticas, y la definición del amor, también entendido dentro del
sosegado ámbito de la familia y los hijos. La poesía no entraña ni
rebeldía ni desafío, hay una influencia importante de los románticos
y un uso, en la búsqueda de la bello y lo popular, de imágenes y metáforas
sobrecargadas. Los poetas del postmodernismo definieron modos inéditos de relación con el público, por un lado directos por medio de los cafés literarios y las conferencias y por otro a través de obras con lenguaje sencillo, que apelaban a vivencias cotidianas, al amor. Los poetas de aquella época recurrían para lograr un efecto en el público, a la función persuasiva de la metáfora con el objetivo de provocar un sentimiento porque la metáfora expresa siempre un sentimiento. La mayoría de las metáforas expresan un juicio de valor porque la imagen asociada que introducen provoca una reacción afectiva, la metáfora sirve para expresar un sentimiento que intenta ser compartido. En el caso del posmodernismo ese intento de compartir con los lectores, con el público, fue notablemente buscado, explotado. [1] Ver Sarlo, B y Altamirano, C. Ensayos argentinos, de Sarmiento a la vanguardia, Colección Capitulo N° 128, Centro Editor de América Latina. |
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